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Elegia
a quienes en los Campos para la Mujer nos ayudan a salir de Egipto
II
y debo ahora
dar al lobo
lo que es del lobo
veo crecer
esta miseria
dentro de mí:
su arena
que mide el tiempo
por el daño
y no digo más
puedo oír la música
que todo lo cura
puedo sentir que entre la realidad y yo
no hay nada:
yo
la palabra
su vértigo
yo
III
las arpas
con su belleza de proa de barco
atravesando el silencio
siento navegar
mi vida
atravesar la muerte
volver con palabras
las arpas
con su belleza dorada
excesiva
dulcemente vencida
por una forma de deshojarse
de sufrir
de morir
señalando la cima
de lo que dijo el sonido
siento desvanecerse el mar
bajo mi cuerpo
navego nada, ya
IV
no hay que tener cuadros
nada
nada
no tanta necesidad de amor, nunca, tampoco
no tanta necesidad de amor puesta a ras de tierra
V
yo lo ayudé...
dije:
eso
no lo hagas
y con sádica, perfecta saña
golpeó allí mismo, y lo miré
con estupor
y rogué, supliqué
: eso
no lo hagas
y vi
y no le creí a mi retina,
a mi cerebro
sentí con horror
el mundo deslizarse
entre la inocencia de Abel
y el furor de Caín
y con perfecta incredulidad
me dejé asesinar
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